Nota técnica · Comunicación de resultados
Presentar resultados de simulación ante una mesa técnica municipal
Cómo comunicar sin perder rigor ni aburrir a la sala
Hay un momento incómodo que se repite en casi todas las mesas técnicas: alguien proyecta un mapa de anegamiento, la sala mira en silencio y a los pocos minutos la conversación deriva hacia el presupuesto de una obra que no estaba en discusión. La simulación queda ahí, correcta pero inútil, porque nadie entendió qué decisión habilitaba. El problema casi nunca es el modelo. Es el orden en que se cuenta.
La estructura que mejor funciona en una mesa con decisores tiene cuatro tramos y no más. Primero, el problema en términos concretos: qué zona se inunda, con qué frecuencia y a quién afecta. Segundo, los supuestos del modelo, dichos en una frase cada uno, sin ecuaciones. Tercero, los resultados con la incertidumbre a la vista. Cuarto, las opciones de acción, incluso las que el equipo técnico no recomienda. Si falta el primer tramo, la sala no sabe por qué está escuchando; si falta el último, se va sin nada para decidir.
Sobre el formato de los resultados, conviene mostrar el mapa de calor antes que la tabla de caudales. Un plano con la mancha de inundación proyectada se lee en segundos; una serie de valores pico por nodo requiere que el interlocutor reconstruya mentalmente la geografía, y en una reunión de una hora eso no ocurre. Las tablas van al anexo, junto con la metodología, la ficha de calibración y las series de lluvia utilizadas. Nadie las va a leer durante la presentación, pero su existencia tranquiliza a quien después tiene que defender la decisión por escrito.
La incertidumbre merece un párrafo aparte. Declarar el margen de error del modelo no debilita el trabajo: lo vuelve creíble. Si el ajuste se hizo con pocos sensores de nivel, decirlo. Si el levantamiento LiDAR tiene una densidad limitada en la zona de pendiente, decirlo también. La omisión silenciosa es lo que suele explotar en la ronda de preguntas, cuando alguien del área de obras pregunta por qué el resultado difiere del reclamo de los vecinos. Mejor anticipar esa diferencia que improvisar una respuesta.
Las objeciones típicas llegan siempre por el mismo lado: costo y plazos. No hace falta tener cifras para responder bien. Alcanza con encuadrar cada opción según su alcance, su nivel de intervención y qué información adicional requeriría antes de comprometer recursos. Si la mesa pide números que no existen, la respuesta honesta es que el modelo no los produce y explicar qué haría falta para obtenerlos. Eso sostiene la credibilidad mucho más que una estimación improvisada.
Queda un punto que casi todos los equipos olvidan: declarar qué no se modeló. El efecto de sumideros obstruidos, el aporte de cuencas vecinas, la influencia de una obra reciente que no está en el catastro. Enumerar esas exclusiones al final, en una lista breve, desarma de antemano la pregunta más filosa de la mesa. Y deja claro el perímetro real del trabajo, que es lo que finalmente se discute cuando la simulación entra al expediente.