Gemelo Urbano

Soluciones

Por qué un equipo técnico elige este enfoque y no otro

Partimos del problema territorial, no del software

Antes de elegir herramientas, definimos qué pregunta hay que responder: dónde se acumula el agua en una cuenca, qué fachadas quedaron sin datos LiDAR, qué parcela del catastro no coincide con la volumetría. El modelo se arma alrededor de esa pregunta y no al revés.

Los datos dispersos se ordenan antes de modelar

Capas catastrales, ortofotos y relevamientos hechos en años distintos rara vez comparten sistema de referencia. Unificamos ejes, limpiamos duplicados y dejamos explícito qué capa entra al gemelo y cuál queda como consulta externa. Sin ese paso, cualquier simulación posterior arrastra el error.

La calibración no se saltea por plazos

Un modelo hidrológico ajustado con una sola tormenta puede dar resultados vistosos y equivocados. Preferimos reservar eventos de lluvia que no participaron del ajuste y mostrar el margen de error real. Es menos cómodo de presentar, pero sostiene las decisiones que vienen después.

BIM y gemelo urbano conviven con reglas claras

No prometemos interoperabilidad total. Definimos qué información viaja desde un modelo de edificio hacia el modelo de ciudad, con qué nivel de detalle y con qué nomenclatura. Los metadatos de mantenimiento y las unidades se acuerdan al inicio, no al final del proyecto.

Los resultados se explican ante una mesa técnica

Una simulación correcta puede quedar archivada si nadie entiende los mapas. Trabajamos con supuestos declarados, incertidumbre visible y opciones de acción concretas. También decimos qué no se modeló, porque esa omisión silenciosa suele ser lo primero que se cuestiona.

Sin promesas comerciales ni funciones que no existen

No hay cuentas, paneles ni pruebas. Lo que se entrega es documentación técnica revisable: capas, criterios, controles de calidad y una lista de verificación para que otro equipo pueda continuar el trabajo sin depender de nosotros.

Si querés ver cómo se aplica esto en un caso concreto, revisá los casos de uso o el listado de servicios técnicos.

Lo que se ve cuando el territorio está bien modelado

Estas son capturas de trabajo, no renders de presentación. Cada una responde a una pregunta concreta de planeamiento: dónde se acumula el agua, qué tan densa es la nube de puntos sobre las fachadas, cómo se apila la volumetría de un barrio cuando se cruza el parcelario con el relevamiento LiDAR. Sirven para revisar el estado del modelo antes de llevarlo a una mesa técnica.

Mapa de calor de escurrimiento Superposición de la mancha de inundación sobre la trama de calles. La escala se cortó a propósito para no exagerar el evento y se dejaron visibles los sumideros que el modelo no resuelve.
Nube de puntos sobre fachadas Vista de densidad después de la limpieza: se marcan los huecos que quedaron en los frentes continuos y las zonas donde el vuelo no alcanzó a cubrir el retiro del edificio.
Volumetría cruzada con catastro Comparación entre la huella catastral y la geometría real del relevamiento. Los desajustes en ochavas y medianeras suelen aparecer recién en este paso, no antes.
Perfil de cuenca y estaciones Corte longitudinal con la ubicación de pluviómetros y sensores de nivel. Sirve para decidir qué eventos de lluvia entran en la calibración y cuáles quedan como validación.
Gemelo Urbano: solutions

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